En la actualidad, cuando hay más divorcios que matrimonios y cuando el tiempo en que las parejas demoran en comprometerse es mayor al que tardan en separarse, la gente se pregunta ¿de qué sirve contraer nupcias con alguien?
Y no es para menos, nos hemos habituado a que la imagen del matrimonio feliz escasee en la vida real y predomine en los finales de telenovelas o en los juegos de muñecas, en donde su duración abarca apenas una escena o hasta que a la niña le compran una barbie nueva.
Ya se perdió la cuenta de la cantidad de novios que gastan una fortuna en el que creen será el día más especial de sus vidas para que todo quede como salido de un sueño, es decir, perfecto; que luego descubren que a ése día le siguen otros muy diferentes, cargados de innumerables defectos y que además, si llegado el momento desean deshacerlo, deberán pagar el doble de lo que invirtieron.
Los mismos que cuando están a un paso de tirar la toalla recuerdan las palabras del cura, les resulta que el “Hasta que la muerte nos separe” termina siendo un “Hasta que la vida nos una” y que se dan cuenta de que aquello de “Lo que Dios unió, no lo separé el hombre” pierde significado y pueden pasarlo por alto  porque existen los abogados.
Lo cierto es que el matrimonio no está hecho para todos y son pocos los que de veras lo asumen, muchos prefieren mantener una unión libre sin firmar un acta, recibir un papel sellado o llevar una etiqueta de señores casados. 
Era antes cuando el matrimonio se tenía en más que un complejo contrato entre dos personas que deciden compartir su vidas y que se comprometen a permanecer unidas de manera indefinida, ahora carece de importancia y su valor es el equivalente al de un puro trámite o formalismo donde simplemente se cambia de estado civil y al que cualquier divorcio puede fácilmente poner fin. 

 

          Dime de qué presumes y te diré de qué careces. Imposible que no se me venga a la mente alguna personita a la que ésta frase le quede de las mil maravillas.
¿Y quién no se ha topado con personas petulantes de esas que se creen el plato principal de un restaurante,  el trofeo en una ceremonia de premiación o la corona de la reina en un certamen de belleza, cuando en realidad son lo equivalente a un adorno que puedes suprimir u obviar?
Muchos son los que se llenan la boca hablando de cualidades que no poseen, aumentando sus atributos, colocándose por encima de sus propias expectativas y a la hora del té, tienen muy poco que ofrecer. Sin duda no se miran al espejo, aunque es de esperar que también enaltezcan su reflejo.
Un baño de modestia y humildad no les vendría nada mal, a ver si así despiertan de su ensueño, se desprenden de tanto alarde y al fin presentan una imagen fresca al deshacerse de tantas capas de falsa grandeza.
Lo que no se puede negar que les sobra a los presumidos es un ego en constante crecimiento, que a veces está tan inflado que uno desearía que fuese un globo para pincharlo y explotarlo sin querer queriendo, como dice El Chavo; así no habría dudas de qué están hechos: puro aire y nada de fundamento.




   

Amor de lejos, felices los cuatro: tú, yo y los otros dos que nos están suplantando. Siempre he pensado que las relaciones de éste tipo son como comunicarte vía telefónica a larga distancia; por más que lo intentes, siempre habrá interferencia en la llamada.
Dicen que el amor verdadero supera cualquier barrera pero yo lo veo en el sentido de que los amantes, al darse cuenta de lo que sienten, se acercarán el uno al otro anulando la distancia entre ellos. Puesto que, si sigue cada quien por su lado, viviendo por separado ¿dónde está el amor que se profesan? ¿Con quién lo practican? Y ¿a quién se lo demuestran?
Las relaciones se alimentan de momentos compartidos no de constante y permanente lejanía y abstinencia, y en tal caso ¿cuánto tiempo creen que les durará el amor y el cariño? No pregunto por la fidelidad, pues en este tema es asunto perdido.
De todas formas, si deciden creer y mantener un amor a distancia con todos los pro y los contra que ello incluye, recuerden escribir en la post-data de sus cartas un caluroso saludo para quien le calienta las almohadas a su pareja mientras ustedes hacen acto de indefinida y prolongada ausencia.
Así, un buen día podrán fácilmente decir: “Dejé de soñar contigo porque despertaba sin ti”.

"La distancia es una barrera imaginaria hasta que se percibe qué tan lejos se está de la persona amada".

 

Qué harías si, después de cierto tiempo, la persona con la que has compartido tantos momentos te obsequia una calculadora y un reloj de arena y te dice: - Saca la cuenta de todo lo que vivimos juntos y observa lo poco que nos queda.
¿Te pondrías en estado de alerta y te preguntarías si es una despedida o una advertencia? Si es lo segundo, no sé cuantas veces tendrías que girar el reloj para ver desvanecerse un futuro entre los dos; si es lo primero, no sirve de nada calcular lo que ya se perdió a menos que desees torturarte con los resultados de esa ecuación.
Aun así, supongamos que decides sacar la cuenta. Empiezas a medir los momentos por caricia, los segundos por beso, los minutos en que tuvieron sexo, las horas en que se quedaron en silencio, y obtienes como resultado que lo que vivieron juntos no se compara en nada al tiempo que les queda y que ahora equivale a un grano de arena.
¿Habrá valido la pena? Irónico que se haya marchado dejándote en una situación tan deprimente con dos objetos a la vista que reflejan todo lo que tenían y lo que ya no tienen.
Creo que por lo único que deberías lamentarte es por el hecho de que no te hiciera sacar cuentas antes, así hubieses obtenido oportunamente el promedio de los días que les quedaban juntos y habrías podido decir adiós con factura en mano cuando llegara el último.

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