Sonrisa de Acuarela

/
8 Comentarios


Lo bonito de los arcoíris, lejos de que crean un increíble equilibrio entre el sol y la lluvia, es su policromía. Paula miraba uno encantada, intentando adivinar de dónde tomaba el cielo las tinturas para formas esas franjas.
Le recordaba la sonrisa de Andrés, de una mañana en que pintaban en una enorme cartulina con acuarelas y ya estando casi lista, el niño tropezó y aterrizó de cara al suelo sobre la mezcolanza de pinturas que acaban de terminar. Esperaba que se molestara o llorara de la pena, en cambio Andrés se levantó de un salto con las manos tras la espalda, plantándose como si llevara todo el rato de pie y enseñando risueño los dientes.
Nadie se hubiese percatado del suceso si no tuviese el uniforme, media cara y parte de la boca manchada de los colores del dibujo libre de ese viernes. No tardaron en dejarse oír las risas de sus compañeros, pero el niño permaneció imperturbable, con la cabeza en alto y la sonrisa impávida en el rostro. A Paula no le pareció adecuado reírse como los demás niños, ya que Andrés mostraba la actitud de un caballero y estaba decidida a mantenerse seria hasta que él le guiñó un ojo y finalmente sus labios cedieron.
Desde entonces, siempre ha relacionado a Andrés con los arcoíris, sin saber a ciencia cierta el motivo. Ignora si lo hace porque la trasladan al desastre colorido de ese día o porque ya anda pensando en Andrés cuando los mira.
Acostada en la grama, sintiendo la frescura del suelo y la calidez de la tierra, miraba hacia arriba sin perder de vista esas siete cintas variopintas suspendidas en el aire, con la mente fija en la imagen de Andrés. Se preguntaba si estaría bien acercársele en el recreo y soltarle de pronto su secreto, antes de que se le adelantara la volada de su amiga Julia.
– ¿Vas a decirme por qué te gustan tanto los arcoíris?
O tal vez podría aprovechar ahora que estaban juntos en el parque...
– ¿Te acuerdas de cuando te estrellaste sobre las acuarelas?
– ¿Que tuve que guiñarte un ojo para que te rieras porque parecía que hubieses sido tú la que se dio de cara contra la cartulina?
Eso la hizo sonreír. La lluvia era divertida, pero la empapaba; el sol le daba calor; los arcoíris, al igual que Andrés, la hacían sonreír.
– ¿Así que por eso me guiñaste el ojo? ¿Solo por eso?
–Por eso y... por otra cosa.
Esperó a que el niño dijera algo más, pero solo guardó silencio. Entonces como si hablara sola continuó:
–Tenías la boca llena de pintura y te parecías mucho a un arcoíris. Me encantan los arcoíris desde ese día.
–Mmm… –Soltó el niño sin más.
– ¿Vas a decirme cuál es la otra cosa?
–Tú no terminas de decirme por qué te gustan los arcoíris.
– ¡Ash! ¡Ustedes los niños nunca entienden nada! –Replicó la niña levantándose ofuscada para luego alejarse a grandes zancadas enfurruñada.
– ¡Pero, Paula!! ¡Si me explicaras! –Se incorporó el niño con el ceño fruncido–. ¡Paula! ¡No te vayas…!
Salió corriendo frustrado tras ella preguntándose por qué las niñas tenían que molestarse por todo e intentando inútilmente comprenderla.






8 comentarios:

  1. Muy tierna historia Fritzy :) Barreras de género incluidas :D

    Besote!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Andoni! ¡Muchas gracias!! Me encanta que te pases por aquí. ¡Un abrazote! ;)

      Eliminar
  2. Un tierno relato. Lo comparto con cariño. Un abrazo, saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Muchas gracias, David!! ¡Muchos saludos y un abrazote! ;)

      Eliminar
  3. Me encanta. Si últimamente hemos discutido sobre el concepto de la felicidad, eso, para mí, se acerca bastante al concepto de Ella (independientemente del resultado) : la ingenuidad, la ternura, el estado esperanzado de las cosas, la frescura en donde están y de la manera en que se hablan, son tantos detalles alegres, que independientemente de dónde acabara la historia, parece que en esta lectura hemos encontrado un trébol. Besos a vosotros, y tirón de orejas (muy pequeñito) a Andrés por ser tan torpe entendiendo a las mujeres.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡No sabes cuánto me alegra leer tu comentario! Me gusta que te parezca haber encontrado un trébol al leerla. Abrazos para ti :D Y a Andrés habrá que perdonarlo, es que Paula se le estaba yendo un poco por las ramas y a él con su tamaño le costaba un poco alcanzarlas.
      ¡Un abrazote, Javier!! ;)

      Eliminar
  4. Un tierno relato y precioso relato, muy bien redactado, me ha encantado. Muchas gracias por traerlo. Besos y feliz día.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Mil gracias, Laura! Me contenta que te haya gustado.. ¡Feliz día y un abrazote!! ;)

      Eliminar

¡Coméntenos! Claro que mordemos, pero desde aquí no podemos hacerlo.

El mundo ya tiene demasiadas imitaciones. Defienda la originalidad. Con la tecnología de Blogger.