De cuentos negros

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7 Comentarios

Jugamos en el bosque dando al lobo por ausente solo porque tardó en golpearnos su aliento nauseabundo y por un segundo de gracia el filo de sus colmillos le dio paz a nuestra carne. Caperucita sí existe. Su capa roja resbala líquida por esa piel que antes cubría nuestra mutua desnudez, la misma en la que hoy ya nada vive. Te vas como me fui, o, ¿no existimos? ¿Qué fuimos? ¿Un secreto? ¿Un deseo mustio que no resistió siquiera al viento? ¿Veneno? ¿Un grito de horror cuya euforia caducó...? Amor que sin nacer murió, mutó y mató. 





7 comentarios:

  1. Yo también creo que existen muchas caperucitas rojas que se dejan comer por lobos (o porque no saben resistirse, o porque no pueden o quieren), lobos con piel de cordero, o no.
    ¿Ves Fritzy? Es una marca de la casa tus cuentos abiertos.
    Un abrazo caperucita o loba.

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    1. Es que quien no se deja comer no come, Tara. ¿Caperucita o loba? Ambas, por qué elegir ser una sola. ¡Muchas gracias y un abrazote! ;)

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  2. Yo esta vez no vi la dualidad, o no la quise ver. Sólo una carne sin valor (muerta) una vez que el deseo se ha consumado. Y no me quites esta idea de la cabeza!! ;)

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    1. Pues quédatela, cabezota! Ni siquiera iba a intentarlo. :D

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  3. Que genial como algo tan sucinto puede decir tanto... Me encantó Fritzy, como todo lo que escribes...
    Espero que andes fenomenal. Te mando un abrazo enorme!!!

    Bsos,
    F!

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    1. ¡Franco! ¡Muchas gracias! Te echas unas perdidas, chico... Fenomenal... vamos, que eso es exagerar, jaja; pero espero también que te esté yendo de lo lindo. Un abrazo igual de enorme pa' ti! Besos ;)

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